Inocencia perdida

by - 09:43

Fue deprimente, decepcionante y predecible. 

Él y yo ya no éramos los niños como los que habían crecido juntos.

Ya no hablábamos, él ya no venía a pasar conmigo los fines de semana y ya no me llamaba. Yo tampoco tenía motivos para hacerlo. Ya no había nada de qué hablar, pues ya no había nada en común.
Cuando volví a verlo, una de las remotas veces que venía, el vacío ya era grande.  Nuestros temas de conversación eran frívolos, él andaba en sus asuntos y lo único que se me ocurría para romper el hielo y alzar por lo menos una vez nuestra vista de los celulares era '¿Y cómo está Lucy?' -Lucy era su novia-. 
'Bien, estamos bien' - respondía él sin apartar la vista de su celular. 

Y eso me dolía. 
En ese entonces me hubiera gustado poder confiarle el hecho de que estaba enamorada de un chico, pero el vacío era tan grande, que me faltaba confianza para poder soltárselo así no mas. 
Ahora, con dos años más que yo, pero con los mismos recuerdos, parece haber olvidado todas esas tardes de travesuras, golosinas, y saqueos a la cocina de la abuela mientras disfrutábamos del buen anime que transmitían en Cartoon Network. 

Pero eso ya pasó. 
Crecimos. 
Ya no somos los dos niños que presumían su último diente caído, ni los que peleaban por tener la computadora más grande.

Ese primo, que para mí fue más hermano que mis propios hermanos, no volverá. Porque él ya no tiene siete, sino diecisiete.
Sólo espero el día que tenga el valor para decirle todo lo que sentí estos años durante su viaje a la madurez. 

Por ahora sólo lo dejaré crecer.

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