Toma nota

by - enero 25, 2014

Sólo había una cosa que yo quería hacer por ti. 

Y tú no me dejaste.

Yo quería juntar todos los pedazos rotos de tu corazón. Uno por uno. Con toda la paciencia del mundo. Iba a abrazarte con tanta fuerza que se unirían, pero me rechazaste. Si hubieran habido piezas perdidas, yo, personalmente, me encargaba de desarmar mi corazón con tal que tú estuvieras completo. No me importaba si, para eso, tenía que vivir a medias, con el corazón incompleto.

Pero no me dejaste.
No me dejas.
No quieres dejarme.

Lo cierto es que aun así, sin haberte podido ayudar, muero y resucito cada día esperando... esperando...¿?... Ya ni siquiera sé qué es lo que espero. 

Me confundes.
No me quieres.
Te da igual mi presencia.
Te da igual mi ausencia.

Cualquier espectador de la audiencia, con un poco de inteligencia, sabe que mis actos son el reflejo del más puro masoquismo, que lo que hago no es más que una ridiculez y yo lo sé, estoy consciente. Yo sabía que al dejarme seducir por tu encanto involuntario eran más las de perder que las de ganar, y aunque el mundo me diga que ya vendrá alguien mejor para mi, me tiene sin cuidado, pues, yo no estoy dispuesta a querer a nadie más.

Y creo que deberías ir anotándolo. 


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