El "pecado" de la mojigata adolescente

by - marzo 10, 2017

No creo haber exagerado al haber escogido ese título, esta entrada no está dedicada a tratar de reprimir el espíritu libertino de algunas chicas, sino todo lo contrario. Pero para ser justa voy a delimitar a quién me refiero en específico cuando hablo de "la mojigata adolescente" y es a aquellas chicas de mi generación que, por el simple hecho de no haber hecho alguna que otra cosa con sus novios (si es que los han tenido), creen que tienen el poder o la absurda autoridad para criticar, juzgar y hasta condenar las acciones de las chicas que son abiertamente declaradas como "fáciles" o "impúdicas".

Se preguntarán cómo fue que se me ocurrió desarrollar esta pseudo reflexión, pues nada más y nada menos que de la experiencia cotidiana en el colegio. Como en todos lo círculos de compañeras, casi siempre existe aquella descarada por excelencia y el mío no es la excepción, le asignaremos el nombre D. Cierto día mi compañera D vino a comentarnos que se había enterado de la última chica cuyas fotos comprometedoras ya circulaban por todas las galerías de mis compañeros "atestostereonados" y ella como buena samaritana para evitarnos la imprudencia -y también para compartir un rato chismoso- nos describió quién, cómo, cuándo y a quién había realizado dicho envío. Naturalmente todas coincidimos en que era lo más insensato que alguien podía hacer, que definitivamente no correríamos el riesgo por nadie nunca y ese tipo de cosas de las que una cree que está libre de caer, total que al final superamos el incidente y cambiamos el tema de conversación. 

Durante las siguientes semanas empecé a notar que D no superaba el asunto, en el sentido de que estaba constantemente mencionando formas de escarmentar a una chica en particular sólo por considerarla "una zorra" (dicho textualmente por D), llegando incluso a planear junto con un "amigo" de ella cómo aprovecharse de lo fácil que ella se enamora y "afloja", saciando la calentura del sinvergüenza y los deseos de venganza sin fundamentos de mi compañera. Luego de que ella me contara esto último, decidí preguntarle qué fue lo que ella le hizo (uno nunca sabe... y ni aún así) a lo que me respondió "Nada, sólo me cae mal." y le repliqué "¿No crees que eso es malvado?" tratando de hallar una reacción que me diera pistas acerca de algún posible conflicto pasado, pero fue en vano porque sólo obtuve de respuesta una sonrisa cínica y un encogimiento de hombros que lo único que hicieron fue confirmar la falta de fundamentos -al menos coherentes- de su odio.

Cavilando sobre las palabras dichas y la conducta mostrada, me di cuenta de que no es la primera vez que estaba ante una situación así. En esa persona pude ver reflejado un comportamiento, del que ahora me avergüenzo, pero poco tiempo atrás era mi orgullo. Algo muy insensato de mi parte. Pues verán, el tipo de actitud intolerante del que mi compañera es víctima ahora, también lo fui yo (con ligeras diferencias). Cuando estaba entre los 14 y 15 años creía fervientemente que haber permanecido sin dar mi "primer beso", sin mi primer novio, o mantener una reputación intachable (ante mis ojos) me daba el derecho y -ojo- la AUTORIDAD para despreciar a aquellas chicas que no actuaban como yo, y vivía vanagloriándome de no ser como ellas cuando la realidad es que en el fondo tenía envidia de que los chicos se fijaran en aquellas chicas que no se "habían esforzado" en ser "intachables" como yo. ¿Cómo me liberé de esa pobreza mental? Le dedicaré otra entrada más adelante. A donde quiero llegar con mi propio testimonio es mostrarles que sé lo que es no tolerar a alguien, sé lo que es creer que por tus propios méritos eres superior a otras personas, sé lo que es aceptar que estás errada y sobretodo sé que está mal.

Es terrible que una mujer crea que es superior a otras por ser moralmente intachable, es terrible que una adolescente crea que puede despreciar, murmurar, humillar y escarmentar a otras por simple hecho de que su conducta "virginal" y "pura" la respalda. Lo siento, pero no se puede. Permanecer virgen y tener una buena reputación no sirve de nada si se utiliza como excusa para fomentar la discordia y el odio hacia las personas que no comparten contigo las mismas virtudes, es una de las maneras más bajas de caer en la hipocresía porque no sólo se demuestra la pobreza de criterio sino la inseguridad y poca estima que se tiene por uno mismo. Personalmente, luego de haber vivido de esta manera y comprender la toxicidad de la que uno se vuelve emisor me lleva a huir de la compañía de este tipo de personas, y no porque mi complejo de superioridad haya evolucionado hasta estas instancias y ahora me crea mejor por haberme dado cuenta de mi error, sino porque sé que cuando uno piensa de esta manera, es muy difícil ser transparente con los demás y estar abierta al cambio, es el tipo de error del que uno se da cuenta mirando hacia el interior propio y examinándolo con sinceridad pues el cinismo producto de lo arraigada que está esa creencia cierra los oídos hacia cualquier palabra ajena. Pensar de esta manera, es verdaderamente estar en una cárcel mental de la que no se tiene consciencia, y luego de haberlo vivido en mí y posteriormente percibirlo en otra persona, realmente no deseo que ninguna otra chica caiga en el mismo drama. Cuidado, compañeras de género, y estamos cayendo en el pecado de la mojigata adolescente, examínense con cuidado porque se puede actuar incluso de manera inconsciente, que la forma del camino elegido no sea puente para elevar el ego.





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