¿Y si la belleza SÍ importa?

by - junio 13, 2018

¿Qué pensarías si alguien te dijera que, lo que actualmente se considera como "realistic proportions", no le parece bello? Existen dos posibles reacciones: escandalizarte por su evidente falta de sentido de lo políticamente correcto, o aplaudirle sólo porque -en el fondo- es una opinión contracorriente. No importa cuál tenga la razón, porque apariencia física no es lo mismo que belleza.


Hoy, en un mundo saturado de luchas por causas sin fondo ni trasfondo, llega agresiva una corriente que no sólo nos está arrastrando sino que también nos está abandonando en las orillas de los polos del extremismo. Ya no se trata de publicidad hipersexualizada o cargada de estereotipos, sino también de "inclusiones" intransigentes que pretenden forzarnos a todos a ver belleza en el mismo lugar, de la misma forma y con la misma intensidad (bajo amenaza de boicot social, claro). Es gracioso porque todavía recuerdo como si fuera ayer, un capítulo de ANTM (ciclo 12, si la memoria no me falla) en el que descalificaban a mi participante favorita por haber subido "unos kilos de más"...algo impensable en la actualidad para ese mismo programa.

Así que, si bien es cierto que el espectro de rasgos que componen el canon estético actual se ha ampliado, no se puede negar que esto está provocando que confundamos belleza con apariencia física. Si no fuera así, no sentiríamos vergüenza de decir con libertad que alguna persona o animal  con defectos físicos no nos parece estéticamente atractivo (bonito). 

Que nos digan "feos" no debería ofendernos

Sin embargo, aunque poseamos la facultad de decir que algo no nos parece atractivo, no significa que vamos a ir por ahí hiriendo sentimientos, porque no todos saben ni entienden que la estética externa es sólo una pieza y no el mosaico entero. Por ejemplo, cuando era pequeña -entre los 11 y 13 años- era de vital importancia que la gente no utilizara las palabras "Leslie" y "fea" en la misma oración. No estaba obsesionada, pero era una persona de extremos: o no soportaba que me dijeran fea y hacía lo posible por tener las mejores fotos (retocando mis facciones naturales, claro, porque no aguantaba mi nariz)... o no me importaba en absoluto. No había un sano término medio, y eso no solo pasaba porque mi autoestima estuviera mal o no le diera mucho uso a las neuronas que tanto trabajo le costó a la naturaleza tejer, sino porque incluso mi parte espiritual era imaginaria (...y ese es otro tema).

Por ende, mis "heridos sentimientos" no se arreglaron simplemente cuando "entendí que era hermosa en mi interior": se arreglaron cuando dejé de ofenderme porque me dijeran fea, cuando dejó de ofenderme que no me escogieran como la "madrina del curso", cuando dejó de ofenderme que "una chica más fea que yo" me "quitara" la corona de un certamen. Y para llegar a eso, no es que tuve que hacerle creer a todo el mundo que no me importaba o menospreciar todo lo relacionado con mi trauma por mi frustrado y lastimado orgullo, sino que tuve que realizar un inventario de cuáles eran los valores y los conocimientos que habían en mi corazón y en mi cabeza; tuve la valentía de dejar de creer que "me las sabía todas" y tuve la humildad de reconocer que necesitaba ampliar mis horizontes para darle la prioridad que se realmente merecía cada cosa, sólo ahí comencé a divisar el mosaico.


La verdadera belleza puede ser comprendida desde el arte 

Entonces ustedes me dirán: "Muy bonita la metáfora, Leslie, ¿pero qué tiene que ver un mosaico con la belleza?" Bueno, yo creo que a estas alturas ustedes ya lo intuyen. Pongamos un ejemplo específico: ¿recuerdan el arte bizantino?, el valor y la belleza de los mosaicos de la época radicaban no sólo en sus cualidades simbólicas y el potencial que tenían para representar todo lo que se consideraba bueno y digno de honra en aquel momento, sino también en un elemento técnico clave: la armonía entre sus partes. La armonía no es más que "equilibrio, proporción y correspondencia adecuada entre las diferentes cosas de un conjunto" (gracias, amigo google); las matemáticas responden parcialmente a esto a través del número áureo , pero, como es lógico, nosotros somos mucho más complejos que una fotografía en 2d, por lo que nuestra armonía se compone de otros elementos: cuerpo, mente, alma y espíritu.

Imagen relacionada
Espiral áureo en la naturaleza y el arte.
Cuando una de esas cuatro áreas está sub o sobreestimada es cuando empieza el problema. Por eso nos parece tan desagradable el chico o la chica atractiva que no tiene un ápice de inteligencia emocional, por eso despreciamos al compañero inteligentísimo que no conoce la palabra humildad y por eso sospechamos de la persona que parece tenerlo todo (belleza, inteligencia y cordura psicológica) pero tiene un doble discurso moral. ¿Tiene todo más sentido ahora, verdad? Si descuidamos por completo lo físico -siempre y cuando dentro de nuestras posibilidades y aceptando nuestros rasgos naturales- podemos perder oportunidades de atraer a otras personas a que nos conozcan mejor, porque los humanos somos por naturaleza seres sensoriales; si descuidamos la mente, nuestro prospecto económico se verá afectado; si descuidamos las emociones, nos volveremos débiles y dependientes de nuestras pasiones; y si descuidamos lo espiritual, quedamos expuestos a cualquier cosa.

La belleza es algo alcanzable, la perfección física no. Así que no es del todo cierto que los humanos jamás podremos ser perfectos, porque sí tenemos la capacidad de identificar los cuatro aspectos que necesitamos poner en equilibrio para alcanzar ese ideal. El problema es que ahora vivimos en un entorno que confunde apariencia física con belleza, y que además, pretende hacernos ver esa "belleza" en situaciones que realmente no son agradables para todo el mundo, como si la forma en la que percibimos algo fuese razón suficiente para juzgarnos de "moralmente correctos".

En síntesis, la apariencia física no es el punto de arranque para "triunfar en la vida". Aunque suene cliché, todo empieza desde adentro (emociones, intelecto y espiritualidad) y no al revés, caso contrario podrá venir cualquier extraño de dudosas intenciones a "ayudarte con tu apariencia", a "motivarte" o incluso a "abrirte la mente", pero te implantará consigo el "chip mental" que mejor le convenga, y si tú estás vacía/o y anhelante de llenar ese espacio, lo aceptarás. 


¿Qué opinas tú? Déjame saberlo abajo en los comentarios.

Nos leemos pronto.

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