Nadie quiere hablar de esto

by - mayo 01, 2018

Creo que hace tiempo todos hemos estado esperando por esta entrada. La razón por la que no toqué este tema mucho antes fue porque no tenía una perspectiva clara desde donde abordarlo. Son tantas las fallas en nuestro sistema educativo, que esto dejaría de ser una entrada de blog y se convertiría en un ensayo argumentativo, de MÍNIMO 2000 palabras. Así que vamos al grano.

Pongámonos en contexto: Yo, Victoria, tengo 18 años; lo que significa que me gradué hace poco y que apenas he concluido el pre universitario. Por lo tanto, cuando hable de "Sistema Educativo" no solo nos vamos a enfocar en las gestiones y el servicio académico que hemos recibido, sino también en la forma en la que nos crió nuestra familia y la forma en la que la sociedad de consumismo y globalización nos pinta las cosas ahora. No hablaremos de ellos como culpables sino como actores (en el sentido de actores de cambio).

Aquí en Ecuador, como en el resto del mundo, el principal actor luego de la familia, es el sistema: el conjunto de instituciones organismos que regulan, financian y prestan los servicios que conforman el ejercicio educativo. Es decir, que tanto el que pone el dinero como el que lo ejecuta es responsable. Los objetivos, la misión y la visión (puedes leerlos aquí y aquí) no son malos y funcionan hasta cierto punto; el problema radica entre lo que se exige del estudiante y lo que en realidad se hace para que el estudiante actúe conforme a lo que se espera de él en el mundo académico/laboral/social.

Les voy a contar una anécdota. Cuando estaba en tercero de bachillerato, viví algo que particularmente me marcó. Era uno de esos días en los que perderíamos un par de horas de clase gracias a las visitas del ministerio de educación y sus constructivas charlas dadas por profesionales competentes y capacitados (obviamente) para lidiar con preguntas de chicos de entre 14 y 17 años (creo que a estas alturas ya notaron el sarcasmo).

Entonces nos hablaron del tema de siempre: sexo. Y, como siempre, con la delicadeza y profesionalismo que caracteriza a las entidades públicas. Era como la cuarta vez en toda mi vida estudiantil que escuchaba el mismo mensaje de trasfondo: "Por favor, no lo hagan, pero ya que de todas maneras lo harán porque son una manada de animales en celo que no puede controlarse, protéjanse. Atte, su querido gobierno preocupado". Sin embargo, en aquella época yo había leído un libro llamado "En conquista de la voluntad", por lo que tenía las ideas a flor de piel, y si combinamos eso con el natural sentimiento de desdén hacia la incompetencia de las autoridades, el resultado era de esperarse: no me quedé callada. (Ojo, que esto no lo digo para ponerme corona de revolucionaria, sino para que se enteren del chisme completo). Les pregunté por qué siempre trataban de mitigar el problema y no atacarlo de raíz -educación a la inteligencia emocional- y tal fue la respuesta de la encargada, que hasta el día de hoy no recuerdo una sola palabra.

Ahora nos venden el discurso "tu cuerpo, tu elección", pero no hay elección si lo único que nos enseñan es "a hacerlo con protección".

Traigo esto a colación porque sé de fuentes legítimas que muchos colegios privados sí reciben propuestas de empresas privadas para dar capacitaciones estudiantiles con verdaderos especialistas (y no para hablarte de qué marca de condón es mejor, qué pastilla es la más efectiva o mostrarte un top 7 de imágenes grotescas producto de enfermedades venéreas) y aún así prefieren al ministerio. ¿Y saben por qué? Porque son GRATIS. Así de sencillo. Así es la idiosincrasia de nuestro sistema.  Nos piden un montón de habilidades que ni la malla curricular admite y cuando queremos cuestionar algo: o nos censuran o nos dan la respuesta equivocada.

Pero bueno, ¿qué placentero es quejarse, verdad?

Después del pequeño show ese día, las cosas no cambiaron ni para bien ni para mal. Ingenua yo por pensar que ese pequeño atisbo de valentía seguido de la ovación de mis compañeros bastaría para hacer entrar en consciencia a una generación que no tiene ni idea de cómo tratar con la nuestra.  Al final, me gradué y no pasó nada.

Pero me di cuenta de una cosa que también quiero que ustedes sepan: no porque el sistema nos exija saber algo que es incapaz de enseñarnos, vamos a excusarnos y a vivir al máximo nuestra mediocridad, porque de una u otra forma ya estamos siendo advertidos. Es muy difícil que la educación se adapte a nuestras verdaderas necesidades, así que nos toca a nosotros despertar. Yo sé que es tentador esperar a que ellos hagan algo, pero para eso falta mucho. Si dejamos todo en responsabilidad de la ineptitud de nuestros mayores (vale, no todos son malos), nos convertiremos en eso que tanto criticamos ahora. Y esto es lo más miedo me da.

Nuestra generación es la nueva gallina de los huevos de oro; pero no se sientan halagados, el oro con el que trafican es nuestra mediocridad.

Aunque por supuesto, nadie quiere hablar de esto.


¿Qué opinas, piensas que se están aprovechando de nuestra mediocridad? Déjame saberlo en la caja de comentarios. 

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2 comentarios

  1. Y sus frutos llenan de millones al sistema que lo compone...
    Debemos despertar como padres si queremos que dejen de traficar con nuestros hijos.

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