"¡Leslie, esta cuarentena vamos a aprovechar para escribir en el blog como nunca antes!"
...¿Sabían que hablo sola? Bueno, eso fue lo que me dije al principio del encierro.
En cierto modo fue verdad. Sí he escrito bastante aunque muchas de esas redacciones no vayan a publicarse por ahora. Sin embargo, hay algo que he hecho mucho más que escribir (o leer) y eso es: pensar. Pensar, pero no desde el encierro sino desde la observación.
Como cualquier otro mortal, resolví que haría de este encierro una oportunidad para volverme una Mary Sue* del conocimiento. Ya saben, con el ritual completo: leer un libro, aprender un nuevo idioma, obtener un certificado de aprendizaje en línea, y esas cosas. Yo era la primera (lo sigo siendo, a quién engaño) en enarbolar la bandera a favor de la productividad y el máximo aprovechamiento del tiempo libre 💪. Y a pesar de que tenía fuertes argumentos para optar por esa vía, empecé a conocer tantas historias de sufrimiento y planes truncados, que cualquier meta de las que me había propuesto palidecía en méritos comparada con lo anterior.
Parece mentira, pero antes del encierro, ¿cuánto tiempo nos dejaba la rutina para analizar nuestros defectos? ¿nuestras heridas? ¿nuestros miedos?... a mí muy poco, la verdad. Incluso creo que en el fondo estaba aliviada de no tener tiempo para lidiar con ellos 🙅. No obstante, evadirlos de lunes a domingos no me había hecho menos consciente, siempre supe que estaban ahí. Así que cuando me adentré en aquel paisaje sabía -casi con una exactitud que da miedo- lo que me esperaba. En efecto, cuando me decidí a verlos, estaban sentados detrás de mí, esperando tener aquella conversación que debimos tener hace mucho tiempo.
¿Qué iba a hacer entonces, si ya no tenía propósitos que perseguir?
A decir verdad no es que decidí dejar todo de lado de la noche a la mañana. Fue un proceso cuyo punto de partida radicó en la moderación de mi consumo de redes sociales -sí, Youtube también cuenta. (Debo confesar que esto no fue por iniciativa propia, tener que ejercitarme en el recogimiento por la Semana Mayor* ayudó bastante). A medida que iba filtrando los estímulos externos, me quedaba más tiempo para asomarme a mi ventana interior y examinar cuál era el panorama disponible. Sí, me hacían falta algunas aptitudes que justificaban mi interés por pulirme académicamente, pero poco a poco me fui encontrando con otras "oportunidades de mejora" para las que no iba a hallar solución en la gramática alemana o en el certificado avalado por Harvard. En otras palabras, me estaba enfrentando a mis verdades.Parece mentira, pero antes del encierro, ¿cuánto tiempo nos dejaba la rutina para analizar nuestros defectos? ¿nuestras heridas? ¿nuestros miedos?... a mí muy poco, la verdad. Incluso creo que en el fondo estaba aliviada de no tener tiempo para lidiar con ellos 🙅. No obstante, evadirlos de lunes a domingos no me había hecho menos consciente, siempre supe que estaban ahí. Así que cuando me adentré en aquel paisaje sabía -casi con una exactitud que da miedo- lo que me esperaba. En efecto, cuando me decidí a verlos, estaban sentados detrás de mí, esperando tener aquella conversación que debimos tener hace mucho tiempo.
Dejé de lado el celular no por un momento, sino por varios días y le di la cara a todas las cosas pendientes que tenía conmigo misma: a mis faltas, a mis miedos, a los malos hábitos arraigados. Saqué al sol todo y examiné sus raíces a la luz del día con detenimiento, sin victimizaciones, sin escándalos, simplemente mirándolos de frente como lo que eran y sin la influencia negativa de mi yo-de-las-tres-de-la-mañana. Descubrí además, cómo esas "verdades" se extendían en silencio por los lares de mi inconsciente hasta manifestarse en mis decisiones cotidianas.
Lo que vale la pena aprender durante el aislamiento
Sin echar a menos la mina de conocimiento que tenemos disponible, me parece que lo más importante de todo es reconocer que esta es una oportunidad para elegir el cambio, para dar ese paso decisorio de una vez por todas y acabar con ese pendiente de nunca acabar. Incluso si aquello que debemos hacer no implica una decisión extrema, tengan por seguro que su vida se encaminará hacia el horizonte correcto. Ya sé que suena cliché, pero vale la pena intentarlo. La mayoría aquí tenemos una "ventaja" por sobre otras personas y es que nuestra decisión es voluntaria. Quienes están sufriendo una transformación producto del dolor, no tuvieron opción.
Eso sí, si de verdad aceptan el desafío, prepárense porque salir de esa zona de confort -o como a mí me gusta llamarle el "pantano de confort"- será una lucha aguerrida y se verán tentados a retroceder. Si fallan después del primer intento, no se desanimen, el recuerdo del primer paso les dará la fuerza para volver a iniciar. Hagamos el inventario a fondo, así como limpiamos esa habitación que no tocábamos en años. ¿Qué le sobra? ¿Qué le falta?... si hace falta llorar para limpiarla, adelante. Tampoco teman abrazar una fe, a lo mejor les da el empujoncito que necesitaban. En serio les digo, no se rían, no tienen que avisarme que lo hicieron, sólo dénle una oportunidad a ese algo Transcendental... no es que haya mucho que perder.
Con respecto a las redes, no creo que usarlas en este momento sea un problema porque es la única ventana que tenemos para mantener los pies a tierra como testigos de las penas y alegrías de quienes queremos. Pero nunca está de más poner en tela de duda qué tanto dejamos la vida allí, sobre todo en un acontecimiento que requiere de nuestro silencio y reflexión.
Eso sí, si de verdad aceptan el desafío, prepárense porque salir de esa zona de confort -o como a mí me gusta llamarle el "pantano de confort"- será una lucha aguerrida y se verán tentados a retroceder. Si fallan después del primer intento, no se desanimen, el recuerdo del primer paso les dará la fuerza para volver a iniciar. Hagamos el inventario a fondo, así como limpiamos esa habitación que no tocábamos en años. ¿Qué le sobra? ¿Qué le falta?... si hace falta llorar para limpiarla, adelante. Tampoco teman abrazar una fe, a lo mejor les da el empujoncito que necesitaban. En serio les digo, no se rían, no tienen que avisarme que lo hicieron, sólo dénle una oportunidad a ese algo Transcendental... no es que haya mucho que perder.
¿Qué es de mí?
En estos momentos, yo misma vivo una etapa de transición personal. Ha sido de lo más incómodo y espero los resultados sean permanentes. La única certeza que tengo es que empecé y con eso ya tengo suficiente.Con respecto a las redes, no creo que usarlas en este momento sea un problema porque es la única ventana que tenemos para mantener los pies a tierra como testigos de las penas y alegrías de quienes queremos. Pero nunca está de más poner en tela de duda qué tanto dejamos la vida allí, sobre todo en un acontecimiento que requiere de nuestro silencio y reflexión.
Eso es lo único que puedo decir sobre esta cuarentena, todo lo demás ya lo han dicho bocas más expertas que la mía. Ojalá se encuentren bien y que mi experiencia les haga provecho. Nos leemos pronto.
D I S C L A I M E R
Amigos, antes que nada, les explico. No me ha flechado cupido, él también está de cuarentena. Sucede que estoy participando de un taller de escritura de 25 tareas y uno de ellas tiene la consigna de describir "mi sueño de amor ideal", MI SUE-ÑO DE A-MOR I-DE-AL...¿se pueden creer? dies of cringe. La verdad es que sí soy medio enamoradiza pero entre sentirlo y escribirlo hay un puente que me da pena cruzar de forma pública... y naturalmente, me costó una vida poner un punto final al archivo sin sentir la imperiosa necesidad de enviarlo derecho a la papelera de reciclaje. A pesar de todo, en un acto de valentía -o de falta de dignidad, ustedes decidan- he optado por publicarlo en el blog, para que puedan leerlo, suspirar, reírse y a lo mejor, no sé... DEJAR UN COMENTARIO😉
Eso es todo lo que tengo que decir. Con esa dosis de humor agrio espero compensar el tarro de azúcar que viene a continuación:
Mi sueño de amor ideal empieza una mañana de lunes cualquiera en la que se me ha pasado el despertador y ya no queda tiempo para filtrar el café. Me muevo torpe, te peleo mi derecho a la ducha y tú me miras divertido como si mi preocupación fuera una gran, grandísima, pequeñez. No concedo al agua tiempo de calentarse y sin querer –o no–, me sale por ahí un improperio cuando me toca fría. Termino con la regadera, estoy entera, tú ya estás a medio vestir. Cómo puedes, me pregunto, cómo puedes. Tu mirada me alcanza a través el espejo y mi dragón se calma, cómo podría yo.
Voy por los niños, tenemos muchos. Cuando los veo, recuerdo por qué me gustas. Los días de retraso los ponen ansiosos. ¡Qué contraste! Tienen tu rostro bello, pero de mí heredaron el temperamento. La mañana no espera, tampoco el ajetreo, vierto unos huevos sobre el aceite hirviendo en la sartén. El resultado: una tortilla de espinacas con bordes tostados. Sirves las porciones y la degustas con el deleite propio de una comida dominguera de manos pacientes y expertas. Incluso comentas que deberíamos repetirla el fin de semana. Estás tan tarde como sereno, te admiro, y me vuelvo a preguntar cómo puedes. Cómo puedes jamás darle a la rutina el poder de perturbarte.
Es hora de irnos. Tú a salvar vidas, yo a escribir sobre ellas. Te veo alejarte desde el marco de la puerta dando media vuelta, como de costumbre, recordándome en un gesto que aunque te vas, te quedas en mi pensamiento. Y así un día tras otro. Qué sueño de vida, adorarte en medio de la repetición.
Así es como deseo quererte, para siempre a la luz de la cotidianeidad. Inventar con mis palabras bálsamos para tus noches de agotamiento, pensarte siete veces al día y que tú voltees a mirarme otras siete más. Este es mi deseo y me atrevo a pensar que el tuyo también. ¿Quieres amarme en la cotidianeidad? ¿Quieres volver mi idilio real?
Mi último post, "Azul pálido" también nació gracias a este taller, así que durante los siguientes días, es probable que siga publicando el producto de cada tarea literaria. Nos leemos pronto y ya saben, allá abajo está la caja de comentarios. Están cordialmente invitados a apasionarse como cuando alguien postea algo ofensivo en Facebook.
Los quiero, xo
Han pasado diecisiete
días desde la última lluvia, que no fue lluvia sino tormenta eléctrica. Ahora el
cielo está seco y teñido de azul pálido, descolorido como un trapo que poco
importa y se olvida bajo el sol. Algunos atribuyen su color a la ausencia de
esmog y se alegran dentro de sus cuatro paredes, con sus cuatro seres queridos,
pensando en que al fin tiene la tierra su merecido descanso. Lo postean hasta
el cansancio y tú lo escuchas, queriendo alegrarte también, unirte a la
sedación colectiva, pero no puedes porque el cielo te ha confiado un secreto.
Diez más siete días han
pasado desde que viste a aquella muchacha en el metro con el cabello
humedecido, frunciendo por haber dejado la sombrilla en casa. Alta, bien
parecida, a la puerta de sus veinte. Apenas te divisó, su gesto se suavizó y te
cedió su lugar. Se parece a mi nieta, pensaste. Las has recordado hoy a ambas desde
la cama del hospital. Es rígida y chilla al mínimo movimiento. Accionas el mecanismo con esfuerzo y consigues ajustarte a la altura del ventanal. La vista
del noveno piso te devuelve a la realidad: el cielo está de celeste pálido y las
nubes, más blancas que nunca. Hoy no habrá muchachas empapadas y parece que
a las palomas eso las alegra, parece… porque ellas también conocen el secreto: el azul del cielo no es por quienes se alegran, sino por
quienes están decolorándose por dentro.
Me estoy destiñendo,
dices, y no es figurativo. Literalmente estás cada día un tono más
cerca de fenecer. Crees que al llegar a blanco todo acabará, sin nadie a tu
lado para llorar tu metamorfosis. Pero ignoras que el blanco siempre
es punto de partida, que no todos los “trapos” perdidos se dan por olvidados y
que aún en la hora más oscura –la más clara del día para ti–, en nombre del
mismo cielo, hay alguien que hace sonar sus teclas vertiendo su alma en
palabras, con la esperanza de que te alcance y toque aquellos lugares donde el
contacto físico –del que ahora estás impedido– no llegó jamás. Ignoras que el
cielo ha escogido ese azul pálido no porque te compadezca, sino porque te vela
y te prepara con ternura el lugar que ocuparás cuando cruces el umbral de los
colores y te hagas uno solo con él.
Ahora que lo sabes,
quizá empieces a intuir que este zarco, tan brillante como pálido, no es el
reflejo del ocaso de tu vida, sino la aurora que enmarca el horizonte de tu nueva
y prometida existencia.
Sí. Me leen bien.
Quémenlos. Destrúyanlos.
Quemen las puertas de los burdeles donde se explotan a mayores y menores de edad.
Cierren la calles donde hay una mujer explotada en cada esquina.
Quiebren los vidrios de las disqueras donde se fabrica reggaeton, derriben la puerta de sus productores y expongan su fotografía así como se expone la de un violador.
Silencien a sus cantantes. Si no vamos a permitir un piropo, mucho menos lo que canten.
Rompan las paredes de las productoras pornográficas, vuélvanse locas contra el tipo que hace millones detrás del escritorio a costa de nuestras hermanas.
Desmientan a todas esas que se vuelven cómplices de los pervertidos bajo el escudo de la "emancipación". Sí, esas que se dicen de parte nuestra: algunas cantantes, otras escritoras...
Las "todopoderosas" que para hacerse notar tuvieron que descender al nivel de los...
Las que necesitan vender sexo y morbo para que les den un premio.
Desbaraten, destrocen, devasten.
Piedra por piedra, que no queden rastros de las "clínicas".
Hagan huelga de ausencia a eventos donde nos usen como mercancía; sea en la música o en la entrada de cortesía.
Que se queden sin producto, que se queden sin moneda de cambio.
Que les duela, que lo sientan cuando vean vacío el antro.
Porque "un día sin nosotras" no les importa; hay que disparar donde les duele:
en sus industrias, en sus mafias, en todo lo que -a expensas de nosotras- les genera plata.
Sin un norte claro, seguirán muriendo y seguirán sin dejar rastro;
en la oscuridad del útero o a la luz del asfalto.
Luchar ignorando dónde está el enemigo es luchar en vano.
Destruir una ciudad es fácil. Renunciar a la literatura que te violenta no.
Quemar una iglesia es fácil. Renunciar a las plataformas que lucran con tu cuerpo no.
Insultar y gritar de rabia es fácil. Ser ejemplo para tus menores no.
Exigirle al gobierno es fácil. Exigirte a ti, cambiarte a ti, gobernarte a ti... no.
Siempre. Siempre. Siempre será más fácil dar la vida que vivir comprometida.
¿Que son incendiarias?
Amigas...
todo
sigue
intacto..
---------------------------------------------------------------------------------------------------
Normalmente no hablo sobre temas polémicos porque prefiero que el tiempo me ayude a ver las cosas en perspectiva antes de tener una opinión, pero el feminismo y la lucha morada ya no es pan recién horneado. Es un tema cotidiano ante el que todos tenemos la obligación civil de tomar una postura. Estoy segura de que para nadie es motivo de alegría ver destrucción y que todos concordamos en que la educación es fundamental. "Cómo" los hay para cada gusto. Pasa que todos tienen la culpa menos nosotros. Tú eres el violador, tú eres el asesino, tú eres la que se viste mal, tú eres el que no te puedes controlar, tú, tú, tú... Todos queremos hacer bulla, armar revuelta, visibilizar, y parece que se nos olvidó que lo más importante que debemos -primero crear y luego exigir-, es un entorno sano, para que nuestros niños y niñas no se vuelvan mañana nuestros cuervos. Asumir esta responsabilidad es ser radical.
Quémenlos. Destrúyanlos.
Quemen las puertas de los burdeles donde se explotan a mayores y menores de edad.
Cierren la calles donde hay una mujer explotada en cada esquina.
Quiebren los vidrios de las disqueras donde se fabrica reggaeton, derriben la puerta de sus productores y expongan su fotografía así como se expone la de un violador.
Silencien a sus cantantes. Si no vamos a permitir un piropo, mucho menos lo que canten.
Rompan las paredes de las productoras pornográficas, vuélvanse locas contra el tipo que hace millones detrás del escritorio a costa de nuestras hermanas.
Desmientan a todas esas que se vuelven cómplices de los pervertidos bajo el escudo de la "emancipación". Sí, esas que se dicen de parte nuestra: algunas cantantes, otras escritoras...
Las "todopoderosas" que para hacerse notar tuvieron que descender al nivel de los...
Las que necesitan vender sexo y morbo para que les den un premio.
Desbaraten, destrocen, devasten.
Piedra por piedra, que no queden rastros de las "clínicas".
Hagan huelga de ausencia a eventos donde nos usen como mercancía; sea en la música o en la entrada de cortesía.
Que se queden sin producto, que se queden sin moneda de cambio.
Que les duela, que lo sientan cuando vean vacío el antro.
Porque "un día sin nosotras" no les importa; hay que disparar donde les duele:
en sus industrias, en sus mafias, en todo lo que -a expensas de nosotras- les genera plata.
Sin un norte claro, seguirán muriendo y seguirán sin dejar rastro;
en la oscuridad del útero o a la luz del asfalto.
Luchar ignorando dónde está el enemigo es luchar en vano.
Porque violador es el que ultraja y también la que permite
que la depravación llegue a ojos y oídos de su hermana.
que la depravación llegue a ojos y oídos de su hermana.
Porque asesino es el que mata y también
la que busca argumentos a favor.
Sin un norte claro, no sabrán jamás el significado de la palabra "radical".
Ser "radical" es saber renunciar.
Pararse una tarde en la calle es fácil. Renunciar a la música que te degrada no.la que busca argumentos a favor.
Sin un norte claro, no sabrán jamás el significado de la palabra "radical".
Ser "radical" es saber renunciar.
Destruir una ciudad es fácil. Renunciar a la literatura que te violenta no.
Quemar una iglesia es fácil. Renunciar a las plataformas que lucran con tu cuerpo no.
Insultar y gritar de rabia es fácil. Ser ejemplo para tus menores no.
Exigirle al gobierno es fácil. Exigirte a ti, cambiarte a ti, gobernarte a ti... no.
Siempre. Siempre. Siempre será más fácil dar la vida que vivir comprometida.
¿Que son incendiarias?
Amigas...
todo
sigue
intacto..
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Normalmente no hablo sobre temas polémicos porque prefiero que el tiempo me ayude a ver las cosas en perspectiva antes de tener una opinión, pero el feminismo y la lucha morada ya no es pan recién horneado. Es un tema cotidiano ante el que todos tenemos la obligación civil de tomar una postura. Estoy segura de que para nadie es motivo de alegría ver destrucción y que todos concordamos en que la educación es fundamental. "Cómo" los hay para cada gusto. Pasa que todos tienen la culpa menos nosotros. Tú eres el violador, tú eres el asesino, tú eres la que se viste mal, tú eres el que no te puedes controlar, tú, tú, tú... Todos queremos hacer bulla, armar revuelta, visibilizar, y parece que se nos olvidó que lo más importante que debemos -primero crear y luego exigir-, es un entorno sano, para que nuestros niños y niñas no se vuelvan mañana nuestros cuervos. Asumir esta responsabilidad es ser radical.
"La obsesión por la fama y el reconocimiento público en la era de internet, debería ser ya declarada una pandemia de la época. Millones de caras hambrientas por ser relevantes han hecho que la fórmula de sumar y sumar hazañas en la red logre anularlas todas en una sola operación: todos son nadie".
Nunca se me ha dado bien hablarle a la gente con fines motivacionales. Desde escribir un caption inspirador hasta dar un consejo. O tengo cómo probar lo que digo desde la experiencia- o no digo nada. Durante mucho tiempo traté negar esta "incapacidad" hasta que, exhausta, dejé de pelear conmigo misma por encajar en el arquetipo de "figura relevante".
El drama empezó en el mismo escenario donde todos nos peleamos por el papel protagónico: internet. Cuando tenía 14 años, abrí mi propio espacio en Blogger con el benevolísimo e inocente deseo de contarle a la gente mis peripecias de adolescente cringey y cambiar al mundo un post a la vez. Crecí y mantuve mi intención pero intensifiqué la seriedad de mis temas. Estaba contenta, y a pesar de que mis lectores fueran tacaños para dejar comentarios 👀, era optimista. Pasaron un par de años y la ola de gente famosa por "ser famosa" crecía en mis narices mientras yo estaba demasiado concentrada en narrar mis experiencias como para prevenir de qué manera podría afectarme.
Un día -no sé cuál de tantos- hice mi visita de rutina a Instagram: scroll, scroll, oh qué gran fotografía, like, guardar, scroll, scroll, qué guapa que se la ve, stop, leer caption, ay no un gran párrafo, scroll, pero hablaba sobre algo importante, stop, reflexiona, pereza, like, scroll. Noté un patrón. Cada vez con más frecuencia, veía personas que alimentaban sus feeds con fotografías en 4k acompañadas de párrafos con mensajes de positividad, seguidos de una cantidad de hashtags en color azul, tono tipo "esta persona está haciendo algo importante"; con una historia por partes, en forma de línea intermitente, sobre el carisma natural que algunos tienen para hablarle a la cámara frontal con la firme convicción de que a alguien le importa lo que dices; y con un increíble poder de convocatoria a desconocidos en el cuadro de "pregúntame algo". Me comparaba con ellas [las personas] porque las admiraba y creía que para ser influyente tenía que seguir sus pasos al pie de la letra: párrafo por párrafo, story por story, foto sonriente en la golden hour por foto sonriente en la golden hour, screenshot de seguidor inspirado por screenshot de seguidor inspirado.
Pero no podía, no me nacía. ¿Cómo obligarme a llenar con caracteres, espacios que todavía no llenaba ni por dentro? ¿Acaso estaba fracasando por no tener nada positivo que decir en el pie de mis selfies? De niña siempre había querido impactar en la vida de los demás pero... ¿era necesario ponerme en modo influencer para lograrlo? Era difícil responder esas preguntas sin sentir el impulso de maquillar la respuestas. Descubrir que no encajaba en el perfil, me dejaba, por algún motivo, con la sensación de no haber alcanzado aún nada importante, porque parecía que la respuesta era sí, "sí necesitas tener muchos seguidores para que dejes de sentirte ridícula por postear tanto". Luego la contraparte, "si te dejas llevar por eso, y te vas contracorriente ¿no estarías limitando el potencial de alcance de tus ideas?".
Síndrome lo predijo en Los Increíbles: "cuando todos sean súper, nadie lo va a ser". Qué misteriosos son los caminos de la vanidad, ¿no creen? Un día nos laurea con una cifra insignificante y al día siguiente nos crucifica con la realidad: no somos nadie. Y no es que quiera ponerme pesimista, pero quiero manifestar estas ideas de la manera más objetiva y sincera posible. No sé si sea el caso de ustedes, pero mi límite de tolerancia hacia cientos de discursos, caras y wannabes, se rebasa cada tanto. Sé que es extraño leer esto de alguien que hace poco incluso abrió un canal de Youtube, es solo que hay ocasiones en las que no puedo evitar pensar en lo fútil que es intentar convertirnos en "motivadores" de los demás cuando apenas estamos intentando poner orden en nuestras vidas. Porque, admitámoslo, ¿cuántos de nosotros seguimos al cien por ciento todos los consejos que damos?....
A pesar de mi escepticismo, no creo que intentar dejar un legado a través internet sea malo . Algunos verdaderamente tienen vocación de comunicar e inspirar, pero cada día hay más personas queriendo involucrarse en el mismo círculo, que lo menos que puedo hacer es dudar de todas ellas -yo incluida. 🤷
Me parece que la clave está en detenerse de vez en cuando y observar el panorama desde la distancia. Cuestionarse con constancia las motivaciones que nos mantienen aquí; preguntarnos ¿realmente quiero ayudar o quiero ser reconocido por ayudar? Si tu respuesta es la primera, bravo... pero si tu respuesta es la segunda, no es el fin del mundo. Sólo el inicio de un replanteamiento.
¿Qué sucede cuando morimos? ¿Por qué Dios nos necesita? ¿Puede explicarnos Stranger Things algo al respecto?
La realidad en la que nos ha tocado vivir tiene un lado fascinante y es que tenemos a nuestra disposición mucha más entretenimiento audiovisual con niveles de diversidad temática casi tan altos como el de la literatura en sus mejores épocas y, poco a poco, el hecho de conocer una u otra serie o película en particular, está cada vez más arraigado a nuestro rasgo generacional. Por eso creo (y disculpen si exagero) que es casi imposible convivir en sociedad pretendiendo que tales cosas no existen o no sirven, por el simple hecho de haber sido concebidos como "productos para masas", privándonos de ver con NUEVAS PERSPECTIVAS lo que, de otra manera, solo podría contribuir al ocio.
Para el post de hoy, tomaré prestado un elemento de Stranger Things (tercera temporada, específicamente). Si no la han visto todavía, tengo que advertirles que aquí habrán relevantes para el desarrollo de la trama y también para entender de lo que vamos a hablar a continuación. Así que pueden dejar esta pestaña abierta y volver en unas 8 horas... o ver el resumen en Youtube pinchando aquí (it's up to you 😉).
El Desuellamentes o Mind Flayer (MF)
En la tercera temporada de ST, el monstruo principal es el "Desuellamentes", un remanente de la criatura que salió de Will mientras Eleven cerraba el portal en la temporada 2 y que no alcanzó a volver a su fuente, quedando atrapado en la tierra. Cuando el portal se vuelve a abrir a inicios de temporada, este "residuo" de la criatura original "se activa" y busca fortalecerse a través de personas, usándolas como huéspedes de su marca biológica (llamémosle "marca biológica" a lo que sea que esa cosa implantaba en los humanos); de esa forma, luego de un "tiempo de maduración" en el que ya no actúan bajo su propia consciencia, las personas infestadas explotan y el contenido de sus cuerpos -que ya no es el conjunto de órganos y tejidos, sino masa de carne perteneciente al Desuellamentes- se libera para fundirse entre entre todos y darle forma al monstruo que todos conocemos.
Les presenté ese elemento para que tengan una imagen con la cual entender el siguiente simil. No es que hayan paralelismos de trama respecto a cuestiones teológicas (a diferencia de la saga de películas de Narnia, El Señor de los Anillos, etc.) o personajes alineados explícitamente a sistemas de principios cristianos... a lo mejor sí hay, y si ese es el caso, me lo pueden comentar abajo.
Ahora reemplacemos la masa de carne que compone al Desuellamentes, por lo que "compone" a Dios: el Amor. En este caso, esa marca biológica, esa parte de sí mismo que Dios deposita en nosotros, se llama: Espíritu Santo. La principal diferencia es que nosotros, aunque seamos sus huéspedes, no nos volvemos marionetas. Conservamos nuestra voluntad y libre albedrío pero ahora con mucha más consciencia del contraste entre el Bien y el Mal. Siguiendo esta lógica, así como hay un punto de la serie en el que los cuerpos de las víctimas se rompen, llega también un punto en el que nuestro cuerpo físico ya no puede contener más de esa marca biológica y debe "romperse" porque su tiempo de maduración ha culminado. Esto se traduce en el momento en el que nuestra alma ya no cabe en su espacio corporal físico porque se ha colmado tanto de ese Amor, que ya solo dispone de un camino para volver a su fuente: despojarse del sitio que la aloja... es decir, la muerte.
Ustedes me podrán refutar diciendo: "Leslie, muy romántico y todo, pero la muerte natural se da por una serie de factores biológicos"... y eso está muy bien porque a mí también me gusta la ciencia y tampoco me cuadraba que de pequeña algunas personas me dijeran que si los dinosaurios no estaban en la Biblia era porque nunca existieron. Lo que pasa es que aun no termino.
E Pluribus Unum es una expresión en latín que significa "de muchos, uno". Así como al morir nuestro cuerpo se vuelve uno solo con la tierra por la dependencia que hay entre ambos debido a las características que tienen en común (al decir "tierra" me refiero a todo el conjunto de condiciones y procesos biológicos necesarios para el desarrollo y sostenimiento de la vida), cuando nuestra alma tiene el Amor en común con su Fuente, al concluir su estadía en este lugar, asciende hacia Él con y por la misma dependencia que había entre entre el cuerpo y la tierra. Como sabemos, el MF dependía de sus víctimas para fortalecerse y tener más poder... en cambio Dios nos quiere a todos para formar una sola comunidad de personas santas que prodiguen el Bien. Mientras más personas sean las que están unidas a Él, más se fortalecerá la causa, ya sea en la vida terrenal a través del Espíritu que guía nuestras acciones o en la vida futura, fusionados en un solo sentir.
E Pluribus Unum es una expresión en latín que significa "de muchos, uno". Así como al morir nuestro cuerpo se vuelve uno solo con la tierra por la dependencia que hay entre ambos debido a las características que tienen en común (al decir "tierra" me refiero a todo el conjunto de condiciones y procesos biológicos necesarios para el desarrollo y sostenimiento de la vida), cuando nuestra alma tiene el Amor en común con su Fuente, al concluir su estadía en este lugar, asciende hacia Él con y por la misma dependencia que había entre entre el cuerpo y la tierra. Como sabemos, el MF dependía de sus víctimas para fortalecerse y tener más poder... en cambio Dios nos quiere a todos para formar una sola comunidad de personas santas que prodiguen el Bien. Mientras más personas sean las que están unidas a Él, más se fortalecerá la causa, ya sea en la vida terrenal a través del Espíritu que guía nuestras acciones o en la vida futura, fusionados en un solo sentir.
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| Este mosaico resume gráficamente lo que "De todos, uno" quiere decir. |
Esto es todo por hoy, espero que les haya gustado este post y que lo compartan si creen que tiene algo valioso que aportar. La verdad es que este es uno de los textos que más rápido he redactado, la idea incluso se me vino a la mente cuando estaba desayunando a inicios de semana y pensé "Why not?"...y además me pareció un buen momento para ampliar los horizontes temáticos del blog. Ya veremos qué viene después😏.
Espero sus comentarios👀













